La dedicatoria

adventures timeCuando uno compra un libro y ve a quién está dedicado, después lee los motivos genéricos por los que se dedica a esa persona o grupo de personas. A veces con guiños y mensajes secretos que solo conoce el receptor.

Los que habéis comprado ya la novela habréis visto que está dedicado a mi amigo Enrique.

Bueno, pues aquí os voy a contar el por qué. Porque creo que todo el mundo merece saberlo y porque así tenéis más información.

Este blog es como los extras de un DVD.

La historia se remonta muchos años atrás, cuando los dos capullos que éramos entonces todavía estábamos en la universidad, o acabábamos de terminarla. Mi memoria es prodigiosa en los detalles pero débil en las generalidades.

Mi amigo Enrique estaba pasando una mala racha sentimentalmente. Una de esas que son muy serias por aquella época y hoy se recuerda con un fuerte golpe de la palma de la mano sobre la frente mientras se piensa rápidamente con una sonrisa: “Qué tonto era yo entonces” y lo echas de menos al mismo tiempo.

Así que como buen amigo que era, decidí coger las maletas y viajar a Zaragoza para hacer una visita a mi colega y… ya sabéis… hablar por la noche en un bar sobre cosas realmente estúpidas como si fuesen la piedra Rosetta del mismísimo mecanismo de la vida.

Entre risas, cervezas y miradas furtivas a algún clavo que podía sacar otro clavo, comencé a contarle sobre una idea que tenía en la cabeza.

Tengo que aclarar que hasta la fecha, la idea de escribir novelas no era una idea real. Deseaba hacer guiones, trabajar en el cine o en la tele, crear argumentos sin tener que echarme sobre los hombros la gigantesca mochila de descripciones, narrativa y detalles que implica la titánica labor de escribir una novela. Así que entretenía mi imaginación simplemente creando ideas generales de lo que podía ser una película o un cómic. Y lo hacía sobretodo en imágenes.

Portada Luzius by DaPortada Luzius by Daniel Ortiz Amézaganiel Ortiz AmézagaY la idea que nadaba en el mar de ingenuidad que era mi mente por aquel entonces como si fuese el póster de Tiburón a punto de salir a la superficie con la fuerza brutal de una mandíbulas mortales era la idea de Luzius. Y lo hacía simplemente con la idea que se reduce a la portada de la novela. Se la conté a mi amigo Enrique. Le conté cómo no podía quitarme de la cabeza esa imagen en la que un hombre se miraba al espejo. Un hombre decrépito, un hombre común, con una vida de mierda como la de cualquier otro hombre del planeta, que recibía el reflejo de su lamentable rostro sin darse cuenta de que ese día se estaba convirtiendo en el hombre cuyos deseos se iban a hacer realidad. Sin darse cuenta de que prácticamente estaba mirando la imagen de un dios. Un dios con ojeras, poco pelo, con pocas horas de sueño y tan asqueado con su vida que realmente solo quería suicidarse.

Lo conté como suelo contar las cosas que me gustan, con la pasión de un obseso y la mirada loca de un niño que acaba de ver una tienda de caramelos gratis. Y Enrique me escuchó con atención y paciencia. Emocionado tal vez por el efecto que la cuarta cerveza hace que todo sea más interesante de lo que realmente es.

Y cuando dejé de contarle mi idea, que simplemente se reducía en una imagen, él me dijo:

“Tío, esa es la historia por la que yo pagaría para leerla en un tebeo”. 

Puede que suene un poco avaricioso. Creedme si os digo que no fue la cuestión del dinero la que me convenció. Fue la brutal honestidad con la que me lo dijo, la certidumbre con la que me lo dijo. Era en realidad lo que yo mismo llevaba pensando todo aquel tiempo y la razón por la que estaba obsesionado y no se me quitaba de la cabeza. Sus palabras me dieron la confianza que necesitaba, la  certeza de que “la idea era buena, no solo imaginaciones mías”.

Esa noche me dije a mí mismo y a mi colega Enrique:

“Voy a escribir esta historia”.

No fue al día siguiente. Ni siquiera la escribí como una novela sino como un cómic con formato guión. Algo que contaré más adelante otro día en otro post. Pero aquella noche fue la noche en la que un interruptor se encendió en mi interior y pasé de pensar “puede que algún día consiga” a “algún día conseguiré”.

Fui a Zaragoza a intentar ayudar a mi colega.

Y al final fue él el que con una simple frase indicó el camino que yo debería seguir.

Y por eso le dedico explícitamente esta novela  e implícitamente todas las demás que vendrán.

Así que dadle la razón y:

COMPRA LUZIUS AQUÍ

🙂

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s