Toda opinión cuenta

Contra con reseñasUna de las cosas más apasionantes y más tediosas de publicar un libro es la promoción.

Yo soy escritor, no publicista. Y pensar en maneras originales de llamar la atención no es lo mismo que darle vueltas a un argumento con giros originales. Pero a veces se parece, porque tienes que darle vueltas a absolutamente todas las posibilidades.

Una de las técnicas clásicas es darle la novela a periódicos o publicaciones entendidas en la materia y que te pongan en la contraportada las críticas maravillosas por las que las editoriales en realidad han pagado o simplemente han elegido las buenas y las malas las han omitido.

Al final, la opinión del crítico de El país, El Mundo o el Rider’s Digest tampoco significa nada. O por lo menos no significa menos que la opinión de lectores comunes, de tu opinión o la de cualquier otro. Porque al final uno no sabe realmente si le gusta o no hasta que lo lee por sí mismo.

Pero dándole vueltas a la idea de esas contraportadas llenas de buenas críticas se me ocurrió poner en la mía las opiniones que la gente, la gente normal, el lector de verdad me iba dando conforme iba leyéndose la novela.

De ahí que mi madre, con toda su buena voluntad, después de sorprenderse al ver que su hijo escribía cosas tan sacrílegas (como ella me decía) simplemente sentenciase esa frase de “Yo no te he criado para que escribas cosas así”.

Me reí mucho y pensé: “Seguro que si la gente oye esa frase, todos los rebeldes correrían a las tiendas a comprar la novela”.

Las ha habido muy alagadoras como la de compararme con Alan Moore. Tal vez exagerada, pero bonita.

La de Guillermo me hizo mucha gracia porque es lo que esperaba de la mayoría de la gente. Cuando alguien te dice “Sorprendentemente, me ha gustado mucho” es porque como tú, mi querido lector, asumes que como escritor novel soy un pardillo que tiene por hobby escribir. Es una manera que tendemos de subestimar a todos los nuevos. Lógico. Cruel, pero lógico.

Pero todos somos pringados con sueños hasta que conseguimos triunfar.

A J. K. Rowling también le rechazaron 12 editoriales antes de que una pequeña editorial le comprase la primera novela aconsejándole que consiguiese un trabajo porque no pensaban vender mucho.

Seguro que hubo un tiempo en el que alguien pensó de la señora Rowling algo parecido a: “¿A dónde se creerá que va esta pobre señora con una historia tan trillada como un niño mago? Pero bueno, mientras lo tenga como un hobby“.

Y eso lo diría un editor, es decir, un profesional del medio.

Así que la opinión de mi madre y de mis amigos es tan válida como cualquier otra.

Mandadme vuestras opiniones por muy bizarras, buenas o malas que sean y las pondremos en la próxima presentación de la novela en Generación X (si todo sale bien y conseguimos organizarlo).

Y nos olvidéis.

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