Sagas Vs Novelas Autoconclusivas: ¿qué escribir?

Novela sagasJuego de Tronos, Milenium, Crepúsculo, Harry Potter, El Clan del Oso Cavernario, Los Juegos del Hambre, El Nombre del Viento…

Y podemos seguir así una eternidad, de la misma manera que podemos morirnos antes de terminar una trilogía, pentalogía o vete tú a saber cuantalogía puede llegar a convertirse una serie de libros.

Pero no es lo mismo una saga de libros que una serie de libros.

Por ejemplo, Terry Prattchet en su serie de Mundo Disco crea novelas autoconclusivas dentro de un mundo único. Mientras que George R.R. Martin crea una única historia en ¿7?, ¿9? libros, de manera que ahora que el pobre Terry acusa el Alzheimer y todos tememos el final de su vida literaria sabemos que siempre podremos disfrutar de sus geniales historias. Mientras que los frikis todavía hacen coñas, medio en broma medio en serio sobre si Martin conseguirá sobrevivir al final de Canción de Hielo y Fuego.

No voy a pontificar, no sé la clave del éxito (eso está claro), ni sé si es mejor una cosa u otro. Pero yo soy más partidario del sistema de Prattchet. Los libros deben contar una historia, ya sea de 250 páginas o de 1.500, pero una historia al fin y al cabo. Si consigues crear un mundo a partir de ahí que cree más historias. Pues mejor que mejor, pero al final serán otras historias, en el mismo mundo, pero otras historias.

Harry Potter tiene pinta de haber empezado por esta línea. Las dos primeras historias se cierran en sí mismas y podrían haberse quedado ahí o haber seguido simplemente creando más historias autoconclusivas en un mundo muy atractivo de magos en una Inglaterra real. Pero la historia de Harry creció aún más que el propio mundo de la magia. De ahí que aunque pueda parecer lógico que el mundo de Harry Potter pudiese seguir sin él, creció tanto la historia del personaje a través de 7 libros que el mundo quedó eclipsado por la historia y ahora no parece tener tanto sentido que la serie siga sin Harry.

Una historia tiene que durar lo que marquen los tiempos de sus personajes y de la historia. Tan sencillo como eso.

A veces serán más y a veces serán menos, pero eso debe decidirlo el autor.

Por desgracia a veces las novelas crecen en grosor porque una novela más gruesa se puede vender por más dinero. Y además, el lector se siente timado si le venden una novela de 150 páginas, aunque sea a precio de coste del papel. Somos avaros y cínicos unos y otros en este tipo de temas, y tendemos a olvidarnos de que una historia tiene su propia vida. Pero al final todo se reduce al vil dinero.

Luzius tiene 250 páginas más o menos. Eran 12 tebeos, uno por mes, estaba pensado así. De manera que no podía cambiarse su tiempo. Se me planteó la posibilidad de ampliar el número de páginas al pasarla al formato novela, pero decidí que no, porque entonces sería meter broza en una historia que funcionaba perfectamente en cuanto a los tiempos.

Con Cuestión de Fe fue distinto. La novela ya nació en mi cabeza con el formato de novela, aunque sí que procuraba mantener cierta idea visual comiquera como con Luzius, la historia estaba pensada con muchísimos personajes, con saltos de unos a otros contando la historia a piezas que poco a poco iban encajando, con descripciones más largas y más imaginativas de las que Luzius carecía. Pero además, con un ritmo más lento y mucho más pensado que hizo que el número de páginas se doblase y acabasen siendo 500 páginas.

Apocalipsis No, que es la que estoy escribiendo ahora mismo no sé cuántas páginas tendrá. Dejo que el ritmo de la novela siga su cauce y que sean los personajes y las escenas las que permitan si la historia se alarga o se acorta. El instinto es muy importante en estas cosas y te va diciendo si la escena es larga o corta o si estás metiendo demasiado relleno. Y los amigos que van leyendo la novela mientras la escribes también ayuda en esto, así que aprovechaos de la experiencia, el instinto y los amigos. Ellos serán el metrónomo de vuestra escritura.

En cuanto a las sagas.

No tengo tanto cerebro como para alargar una historia tanto o como para crear un armazón argumental tan extenso y complejo. Ya veremos en un futuro. Pero si os dais cuenta, mis novelas se centran mucho en los mismos temas y suelo meter personajes que se repiten, como La Muerte en todos ellas. No es el mismo mundo (aunque con Cuestión de Fe podría explorar el mundo de las leyendas y contar historias de distintos personajes, pero lo dejaremos para otra vez), pero sí podría serlo, o por lo menos mundos alternativos que se cruzan y mezclan y podría ser una serie que se llamara: “Historias del fin del mundo”, porque en todas ellas pongo el fin del mundo como un evento recurrente para crear esa situación radical en la que las personas se ven obligadas a mostrar su verdadero ser.

Bueno, ya he hablado demasiado.

Ahora es tiempo de leer.

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Autores, Hachette y Amazon en pie de Guerra

Amazon monsterEste post viene a comentar la situación actual de Amazon peleándose con la editorial francesa Hachette, una de las mayores de Francia.

Aquí tenéis el artículo de El País de hace unos días.

Cuando los mayores autores del panorama contemporáneo tienen que firmar una carta criticando a Amazon por sus prácticas guerreras es que la cosa no va bien.

Yo he defendido a Amazon en ciertas ocasiones por la facilidad con la que permite que nuevos autores entren en el mercado. Y de hecho, lo he criticado por la misma razón.

Pero es evidente que Amazon se está convirtiendo en un leviatán literario que se está comiendo a toda la fauna del mar de las letras.

No soy un radical, no creo que debamos cargarnos Amazon, porque como Internet, tiene sus cosas buenas y malas.

Creo que hay que utilizar las cosas con cabeza.

Yo ofrezco mis novelas por Amazon porque es un canal que está abierto para mí. Pero ya he dicho mil veces que el verdadero objetivo es llegar a las editoriales, esas empresas que, en teoría, deben conocer el mercado mejor que yo y deben guiarme a través de las mareas literarias repletas de piratas, tiburones, tifones y krakens hasta las costas y mercados de un público deseoso de leer productos dignos de ellos a precios razonables (estos dos conceptos siempre tan relativos y subjetivos).

Parece ser que Amazon quiere ir destruyendo el formato papel poco a poco, destruyendo en el proceso empresas literarias, imprentas, distribuidoras y librerías. O por lo menos eso van diciendo sus enemigos. Y eso preocupa a mucha gente. Y como gigante empresarial que es, tiene poder para hacer mucho daño a esos sectores.

Yo soy de los que cree que el papel tiene los días contados en cuanto a grandes distribuciones. Siempre existirá el papel, pero creo que será residual. El lector electrónico tarde o temprano se impondrá.

Pero eso no quiere decir que las editoriales tengan que desaparecer. De hecho, ya he comentado que lo que les hace falta es reinventarse y reconfigurarse para realizar la mejor labor que hacen para un escritor, que es la publicidad. En el fondo, lo que, en mi opinión, debería hacer es convertirse en “inversores” editoriales. Ellos invierten en un autor y le sacan un rendimiento. Invierten en publicidad, en corrección y proceso editorial, y se llevan un porcentaje de las ventas. Tanto en papel como en digital. Y conforme las ventas aumentan, recuperan la inversión y se demuestra que el auténtico mérito es de la calidad de la obra y del trabajo de su autor, ese porcentaje de debería ir decreciendo por parte de la editorial y aumentando por parte del autor.

Los autores, y se demuestra en la carta que han firmado en contra de las prácticas de Amazon con Hachette y sus negociaciones de porcentaje de beneficios, no luchamos por llevarnos el 100% de las ventas (por mucho que lo ofrezca Amazon para comprar a los autores). Un buen autor debe reconocer el trabajo encomiable de las editoriales y la labor que le realiza. Y si queremos ser simplistas y mercantilistas, diré que los autores necesitamos de las editoriales para que hagan un trabajo que nosotros ni sabemos ni podemos hacer, luego debemos entender que tenemos que pagar por ello. Y ese pago se traduce en porcentaje de ventas. Otra discusión es el “cuánto”.

No soy un enemigo acérrimo de Amazon. Tampoco lo soy de las editoriales.

Necesitamos de las dos.

Pero está claro que al final, los grandes perjudicados somos los autores… y a la larga lo serán los lectores.

Porque al final, el auténtico poder lo tiene el comprador, que es el que decide a quién le va a dar el dinero.

Así que si estás leyendo esto, sé consciente de tu poder y acuérdate de que para que tú puedas leer tiene que haber un escritor detrás de las letras que tienes delante. Y en muchos casos una editorial que ha invertido en ese autor, con mucha gente detrás también. Y en otros casos está Amazon, que te hace posible que esté ahí mi novela para que puedas adquirirla y disfrutarla.

Así que aquí te dejo el enlace a mis novelas.

Y tú decides.

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¿Por qué comprar Luzius?

Portada Luzius by DaPortada Luzius by Daniel Ortiz Amézaganiel Ortiz AmézagaCuando estudié Comunicación Audiovisual en la Universidad, en la asignatura de Historia de la Publicidad, aprendí que en una época de la historia, un publicista empezó a darse cuenta de que toda la publicidad consistía en Humo y Espejos, en potenciar lo bonito y atraer al público al escaparate con cualquier fuego de artificio o excusa… y que los publicistas, en general, realmente sabían poco del producto que estaban vendiendo.

Este hombre empezó a estudiarse el contenido de un dentífrico y procuró entender el por qué la fórmula de ese dentífrico en particular blanqueaba más los dientes o era más sano que el resto. Y su publicidad se centró en explicar las razones científicas de por qué su producto era mejor que el resto, utilizando la información e ilustrando al comprador.

Hasta hace poco, con mis novelas, Luzius y ahora Cuestión de Fe, me he dedicado, con las portadas y todas las campañas de publicidad, a llamar la atención del público, a dar flashes de luz a los ojos incautos para que girasen su cabeza hacia mi escaparate.

Es el momento de explicar mi producto, informar, y dar la opción a que conozcan lo que hay tras la cubierta.

Luzius es una novela que parece un tebeo. De hecho, ya comenté que había comenzado siendo un tebeo. Y por lo tanto es muy fácil de leer y su narración es muy visual, casi más que narrativa.

Al igual que Cuestión de Fe, es una novela sobre las creencias de la humanidad, pero desde una perspectiva distinta. Con Luzius, el narrador podría ser precisamente Dios, pero un Dios humano. Alguien que desde las alturas ve a la humanidad con todos sus defectos y se lanza la mano a la frente con un sonoro sopapo y se restriega los ojos desesperado mientras piensa:

“La madre de Cristo que panda de energúmenos. ¿Y yo he hecho esto?”

Y esa es la parte de la comedia. Una historia divertida donde, si la vida es un chiste, Dios le ha puesto toda la gracia al personaje de la Muerte.

Luzius es un ejercicio de reírse de uno mismo donde se le pide al lector que se ponga en el papel de Dios. Que se mire a sí mismo para que se haga la pregunta: “¿Si fueses Dios qué pensarías de la humanidad? ¿Nos salvarías, pensarías que has hecho un buen trabajo o te desesperarías porque el niño te ha salido respondón, quejica, vago y bastante tonto?

Me gusta pensar que los seres humanos nos dedicamos siempre a lamentarnos por nosotros mismos y nadie se preocupa por Dios (y eso que soy ateo).

Luzius es mi granito de arena para cambiar eso.  Ser Dios no tiene que ser una tarea fácil. Sobretodo si nos tiene a nosotros como subordinados.

¿A qué esperas?

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